«La filosofía es de todos los pueblos de la tierra, es el amor a la sabiduría, es decir, el amar, entender, desde la tradición de mi pueblo, el sentido de la existencia.»
Con la incorporación de las tecnologías algorítmicas y de inteligencia artificial, el peso del trabajo y la carga horaria no solo no se han reducido sino que se ha recrudecido. Lo humano está obligado a someterse a tales ritmos implacables si quiere conservar su fuente de mera subsistencia.
¿Está en nuestra esencia competir descarnadamente con el prójimo?
¿No hay tendencia natural a la cooperación, a la solidaridad, a la vida en comunidad?
¿Por qué algunos insisten, para legitimar las leyes de la oferta y la demanda, en que somos egoístas por naturaleza?