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SI HAY PRIVILEGIOS NO HAY MERITOCRACIA

Foto del escritor: Prof. Cristian Giambrone
Prof. Cristian Giambrone
13 jul
2 min de lectura

El hecho de que algunas personas sean ricas y la inmensa mayoría sea pobre se debe menos al esfuerzo o al trabajo duro, a la meritocracia, a la inteligencia y al talento, y más a una cuestión de privilegios y estatus social.[1]


¿Qué tan cierto es que, vengas de donde vengas, si estudiás y trabajás duro, podés llegar tan lejos como tu talento te lo permita cuando, a nivel mundial, el mayor predictor de la posición social en la que vas a envejecer es la posición social en la que naciste?[2]


La idea meritocrática de que somos dueños de nuestro destino y que nuestro futuro está exclusivamente en nuestras manos, oculta el hecho de que, en verdad, en muchos casos, el éxito en nuestra vida está determinado por fuerzas ajenas a nuestro control.


Y eso vuelve a la meritocracia una aspiración cruel. Porque si se espera que toda persona que se esfuerza mucho tenga éxito, entonces quienes no tienen éxito serían completamente culpables de su fracaso. Esto provoca una reducción de los incentivos para la solidaridad y la responsabilidad mutua entre los miembros de la comunidad civil.


Por el contrario, si los miembros más afortunados de la sociedad se reconocen en deuda por su éxito (por haber tenido buena suerte, la ayuda de sus padres, profesores y amigos, oportunidades extras por haber nacido en una familia acomodada, tener la fortuna de haber nacido más inteligentes o talentosos), entonces hay más motivos para justificar moralmente que el destino de las personas sea compartido.


Esperar que toda persona que se esfuerza mucho tenga éxito es una idea sin fundamento.


Porque vivimos en un contexto de hiperconcentración de la riqueza en el que el 1% más rico del mundo acumula más riqueza que la mitad más pobre junta.[3]


Y porque mientras que la capacidad productiva se ha multiplicado varias veces en las últimas décadas, la renta media mundial se encuentra prácticamente estancada desde hace casi medio siglo.[4]


Por eso, cuando políticos, influencers y magnates repiten hasta el hartazgo este discurso hueco y sin fundamentos concretos, empieza a haber motivos para sospechar que es una trampa.


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Referencias:

[1] Sandel, Michael, La Tiranía del Mérito: ¿Qué ha sido del bien común?, Debolsillo, Bogotá, 2025.

[2] World Economic Forum, Global Social Mobility Index 2020: why economies benefit from fixing inequality | es.weforum.org/publications/global-social-mobility-index-2020-why-economies-benefit-from-fixing-inequality

[3] *Base de datos mundial de desigualdad. Disponible en https://wid.world/document/world-inequality-report-2022/

[4] *Piketty, Thomas, El Capital en el Siglo XXI, FCE, CDMX, 2014.

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