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¿POR QUÉ LA DESTRUCCIÓN DEL CAPITALISMO NO ES CREATIVA?

  • Foto del escritor: Prof. Cristian Giambrone
    Prof. Cristian Giambrone
  • 4 feb
  • 4 Min. de lectura

Actualizado: 19 feb

Ilustración de Emilio MR | Extraído del cnt nº 438 | Disponible en: https://www.cnt.es/noticias/la-destruccion-creativa/
Ilustración de Emilio MR | Extraído del cnt nº 438 | Disponible en: https://www.cnt.es/noticias/la-destruccion-creativa/

Si hay algo que sabe hacer el capitalismo es destruir todo a su paso, no solo la Naturaleza sino también el mundo humano (ya que obliga a los seres humanos a adaptarse al ritmo frenético del mercado, en lugar de que el mercado sirva a las necesidades humanas).


Luego, algunos, como J. Schumpeter, haciendo uso del eufemismo como tecnología retórica de aceptabilidad para hacer que algo inaceptable pueda ser aceptado[1] lo llamaron “Destrucción Creativa”.


La “Destrucción Creativa”[2] vendría a ser un concepto económico que utiliza Schumpeter para explicar un proceso orgánico del capitalismo donde la innovación constante desmantela industrias y tecnologías obsoletas para dar paso a modelos más eficientes y rentables, presentándolo como algo aceptable, natural, inevitable en la senda humana hacia la prosperidad civilizatoria y supongo que también hacia la felicidad.


Pero hay un problema, y es la fría visión y la radical actitud economicista, y por lo tanto alienante y antinatural, impulsada por las élites que tienen el monopolio económico que siempre crea y compra el monopolio de la fuerza de los Estados para que, cuando el descontento popular se haga sentir, las élites y el establishment se vea “sostenido, no sólo por la natural aristocracia del país, sino por un ejército permanente y bien disciplinado”[3]


¿Cuál es la consecuencia de esa supuesta fiebre[4] de “destrucción creativa”? Según Karl Polanyi[5], ni más ni menos que grandes traumas sociales, ya que obliga a los seres humanos a adaptarse al ritmo frenético del mercado, en lugar de que el mercado sirva a las necesidades humanas. Dando cuenta de que la expansión del mercado no es natural sino que fue impulsada por las élites con mucha violencia para lograr un crecimiento económico geométrico.


Explica Polanyi[6] que lo que sí es natural es un contramovimiento de protección social, es decir, una reacción espontánea de la sociedad (sindicatos, leyes laborales, proteccionismo) para defenderse de los efectos destructivos de ese crecimiento. Porque todos los supuestos beneficios que hoy se esgrimen desde el ámbito libertario fueron conseguidos por la fuerza, bajo baño de sangre, explotación, desplazamientos migratorios, crisis humanitarias y limpiezas étnicas como las de Gaza, etc.


Y frente a la réplica de los libertarios (de suma ignorancia o incluso con mucha mala fe) sobre que aún así las personas deciden usar todos esos beneficios de la tecnología y el crecimiento económico actual, la respuesta es sencilla: no queda otra. Y eso lo deja claro Hannah Arendt cuando con gran claridad dice: “Los hombres son seres condicionados, ya que todas las cosas con las que entran en contacto se convierten de inmediato en una condición de su existencia”.[7]


Porque la condición humana consiste en que las personas sean un ser condicionado para el que todo, dado o hecho por la mano humana, se convierte en una condición de su posterior existencia[8]. O sea, no se puede dar marcha atrás, pero sí se puede cambiar el ritmo y la forma de marcha.


No solo eso, sino que las “las cosas del mundo tienen (o deberían tener) la función de estabilizar la vida humana”[9]. La destrucción es contingente al uso de las cosas, pero no es inherente a él. Los bienes construidos (no los bienes de consumo, como el alimento u otros parecidos), usados o no, deben permanecer en el mundo durante cierto tiempo, explica Arendt, a menos que los destruya el desenfreno.


Porque las personas, en medio y a pesar de su naturaleza constantemente cambiante, frágil y fugaz, puede recuperar su identidad, su calma y su estabilidad existencial, “al relacionarla con la misma silla y con la misma mesa”[10], con la misma casa y con el mismo barrio.


En definitiva, Arendt enfrenta la durabilidad con el consumo (o consumismo) al diferenciar entre el laborante (que produce bienes de consumo que se agotan rápidamente) y el homo faber (que construye objetos duraderos), y critica que el capitalismo trata todo como un bien de consumo. Según ella, y según la antropología (Marshall Sahlins o James C. Scott), la psicología (Daniel Kahneman), la sociología (Hartmut Rosa o Zygmunt Bauman), la neurobiología (Antonio Damasio), etc, necesitamos un "mundo de cosas" estable y duradero que nos sobreviva para sentirnos en casa y tener una identidad histórica.


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NOTAS:

[1] Tomé este concepto y esta definición del eufemismo como tecnología de aceptabilidad de Diego Lo Destro @filosofiaalavida.

[2] Schumpeter, Joseph, Capitalismo, socialismo y democracia, Biblioteca de Economía (Folio), Barcelona, 1996.

[3] Smith, Adam, La Riqueza de las Naciones, FCE, México, 1984, p. 627

[4] En efecto, por lo que respecta a aquellos cuya atareada pobreza ha usurpado el nombre de riqueza, tienen su riqueza como nosotros decimos que tenemos fiebre, siendo así que es ella la que nos tiene cogidos, (Séneca, Cartas a Lucilio).

[5] Polanyi, Karl, La Gran Transformación, FCE, México, 2017

[6] Ídem.

[7] Arendt, Hannah, La Condición Humana, Austral, Colombia, 2025, p. 23

[8] Arendt, Ídem., p. 166.

[9] Arendt, Ídem., p. 158.

[10] Ídem

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