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El modelo de gestión de la sociedad argentina

  • Foto del escritor: Prof. Gerardo Tozzi
    Prof. Gerardo Tozzi
  • 28 dic 2025
  • 4 Min. de lectura
Bandera argentina frente al Congreso y la gestión de la sociedad argentina

Se puede acceder cotidianamente a cantidades profusas de bibliografía respecto a cómo gestionar escuelas, empresas, equipos, países y toda organización que imaginemos.


Muchas de estas propuestas son respuestas a la situación que el modelo neoliberal primero y el populista a continuación, combinado con los grupos de ladrones y mafiosos formados en la Universidad, hacen que si lo que estudiamos no se vincula con la actual realidad, las propuestas inexorablemente fracasan.


Más tarde o más temprano deberemos empezar a realizar las cosas de acuerdo con nuestra propia realidad y nuestras experiencias.


¿Por qué descalificar nuestras experiencias y nuestros conocimientos? Aquí se encuentra el eje de nuestra identidad deteriorada.


Éste es el eje de nuestro desastre como nación, ya que ni siquiera renegamos de nuestro origen, sino que lo intentamos deconstruir, y esto nos convierte en seres patéticos.


¿Cómo se puede gestionar a una sociedad que asume como natural su existencia en la identidad deteriorada?


Si no se soluciona en primera instancia la identidad y se la constituye, es poco probable que se pueda definir y actuar en consecuencia con sentido.


Muchas organizaciones fracasan porque sus dirigentes establecen un sentido y una clara estrategia, pero los que deben operarla -y lo que es peor, creerla- son los que encarnan una identidad con mayor grado de deterioro.


¿Puede el sentido de las cosas ayudar a constituir la identidad?


La respuesta es un rotundo SÍ. Sin embargo, debe existir un claro andamio adulto y un presupuesto de costos que nadie debe dejar de pagar.


Una vez definido el sentido, se pueden establecer metas y objetivos, y desde allí se puede intentar detener la deconstrucción de la identidad.


Es preciso entender a la identidad como un proceso que puede ir tanto de menor a mayor, como de mayor a menor.


Ahora bien, la identidad deteriorada termina, inexorablemente, en LA RENDICIÓN INCONDICIONAL DEL SUJETO, quien acepta que se anule su autonomía y se le sustituyan los valores que lo constituyen y lo sustentan.


La rendición incondicional es el sistema más claro de la implementación del modelo de gestión de la sociedad argentina basado en la identidad deteriorada.


De modo que se podría concluir en que, la forma de gestionar una sociedad o una organización, política y/u operacionalmente- se basa en lograr la RENDICIÓN INCONDICIONAL DE LA CHUSMA Y LA INCULCACIÓN DE VALORES QUE SON, MUCHAS VECES, DE DUDOSA BONDAD.


Durante los últimos 70 años la sociedad argentina se ha acostumbrado a vivir gestionada de esta forma. La ciudadanía se basa en aceptar la gestión de los sujetos responsables y de la chusma desconcertada, todo lo demás es una fantasía.


Mientras la democracia es una presentación de sujetos responsables conviviendo con sujetos desconcertados, los niveles de inequidad son imposibles de reducir.


En esta realidad se manifiesta una tríada perversa que permite el desarrollo del sistema, de UNA EDUCACIÓN NEUTRAL, de una serie de medios de comunicación orientados a la estupidez y de un desempleo creciente o del trabajo discontinuo. ESTA TRÍADA logra educar e inculcar, que todo sujeto no puede proyectar jamás ninguna de sus expectativas.


Si aceptamos la existencia de una identidad deteriorada como efecto de modelo de gestión, la sociedad se imprime un duro desafío: aceptar el liderazgo surgido de los residuos de los sujetos desconcertados para poder organizarlos en el logro de sus expectativas.


Analicemos entonces, cómo se usa la historia con este fin.

Los países centrales fortalecen la difusión de la historia colectiva y de la individual con el objeto de fortalecer la identidad constituida.


Esta identidad se constituye de hechos paradigmáticos y emblemáticos que se actualizan de acuerdo con la coyuntura del país. Esta serie de referencias se aplica en la vida cotidiana con objeto de emularlo o superarlo.


El primer punto de la identidad constituida es jamás aceptar, ni por ley ni en los hechos, que alguna parte de la población sea sometida a la rendición incondicional. Es más, se intenta por todos los medios que todos se opongan a esta rendición incondicional por ellos mismos, por los demás y por el desarrollo del país.


Resulta literalmente inaceptable que partes de la población sean sometidas a la rendición incondicional, considerando esto una pérdida de potencia del país y de la sociedad toda.


De modo que toda historia tiene valor superlativo cuando se dirige en esa dirección. Luchas políticas, guerras, luchas raciales, civiles y sociales que impidieron la rendición incondicional son apoyadas por favorecer la constitución de la identidad.

Así, los sujetos responsables intentan por todos los medios orientar y regular el desconcierto.


La religión, la escuela y la comunicación son las herramientas y/o armas de nuestro tiempo para que la democracia, en estos términos, pueda aceptarse como modelo de organización.


El dominio valorativo de dichos espacios de gestión son los que, articulados o inarticulados, generan esta identidad deteriorada.


Entonces vale preguntarse: ¿Cuáles de estos instrumentos de dominación es el que se prioriza?


De acuerdo con la situación geográfica, política y social que la historia del país está transitando, se utiliza en mayor medida algunos de estos instrumentos.


Por ejemplo: la religión acompaña procesos de democratización o de democracias controladas, pero le es más útil parecer ausente de la gestión para terminar desde la voz y el juicio de Dios aprobando, rechazando u orientando las gestiones de aquellos que se involucran.


Respecto de la educación, se supone que la incompetencia docente para entender y apreciar el aprendizaje de los alumnos supone que la identidad se determina sin pausa, desde el nacimiento del sujeto.


Respecto de los medios de comunicación masiva, ya aparecen como la última tecnología para acordar una rendición incondicional de todo sujeto que se pretenda como autónomo. 


Concluyendo, se podría afirmar que la sociedad argentina ha consolidado una identidad deteriorada a través de un modelo de gestión, que tiene como pantalla la democracia de los sujetos responsables, pero que como resultado final ha obtenido una mayoría desconcertada y, rendida incondicionalmente.


Nadie puede estar ausente de este problema. Ya no es un grupo o un sector, es un problema de todos. Lo que surge sí, como un factor preocupante, es que aquellos que son instruidos resultan estar más alejados de ese problema. Millones de pesos se invierten en educación, sin embargo, hemos producido generaciones de sujetos desconcertados en golpes de estado, y de desconcertados en democracias controladas.


Finalmente debemos decir que, hasta el momento, no hubo un solo resultado que rompiera la regla: La democracia resulta el mejor sistema que hace que los sujetos responsables tengan bajo control a una masa de chusmas desconcertados.

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