El Miedo al Éxito y la Pasión por el Fracaso
- Prof. Gerardo Tozzi

- hace 3 días
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“DOS CONDUCTAS CARACTERÍSTICAS EN PAÍSES PERIFÉRICOS”

1 INTRODUCCIÓN
Si entendemos el desarrollo como una forma de vida exitosa obtenida por muchos países centrales, el análisis y el estudio del éxito como conducta y aprendizaje logrados es realmente importante.
¿Por qué los países periféricos no tienen el éxito del desarrollo? ¿Qué los hace rechazar la consecución del éxito? ¿Lo rechazan, o sistemáticamente alguien se los impide?
Éstas son las preguntas centrales de las que nuestra sociedad no debería escapar.
¿Por qué se niega esta respuesta? ¿Quiénes preguntan y quiénes son los que no responden?
Los procesos de educación en el fracaso parecen superar con creces a los procesos de educación en el éxito.
2 EL MIEDO AL ÉXITO Y SU POSTERIOR RECHAZO
A partir de las preguntas planteadas, abordemos las siguientes hipótesis:
EL MIEDO AL ÉXITO Y SU POSTERIOR RECHAZO SE CONSOLIDAN EN EL IMPRINTING CULTURAL DESARROLLADO POR LA FAMILIA (NACIDOS PARA PERDER).
Todo feto que no se aborte tiene 4500 dólares de deuda personal antes de nacer, tendrá una vida por debajo de la línea de pobreza, carecerá de obra social y trabajo pleno (en el mejor de los casos tendrá trabajo discontinuo), no tendrá jubilación, y no sabrá nunca distinguir entre el bien y el mal porque será dirigido por corruptos, cobardes y ladrones.
Cuando la sociedad, y su célula degradable que es la familia, son inculcados en el concepto de que perder es una virtud y ganar es un vicio, se puede aceptar la pérdida del trabajo, el estudio, la jubilación y la casa porque son caminos para ir al cielo y no al infierno.
La metafísica demagógica de la jerarquía y de la ignorancia religiosa colaboran con la ideología oligárquica para que el pueblo, en su enorme mayoría, crea y eduque en la idea de que perder es lo bueno y que no es lo que el pueblo puede hacer o aspirar.
La definición de éxito se encuentra distorsionada y esto hace que se la asocie con el hurto, los corruptos o los ladrones. Los sujetos, entonces, deben tener bienes materiales de dudosa justificación, pero detrás de un discurso de fuerte consonancia y/o congruencia entre el esfuerzo, el trabajo y el desarrollo. Sin embargo, cuando se evalúan o se miden los ingresos de dicho esfuerzo y trabajo, éstos no coinciden con los resultados. Y, finalmente, los medios y el populacho ignorante determinan que esta situación de inimputabilidad y de amoralidad asumida y valorada, es el éxito. Ahora, al corto, mediano y largo plazo, no es aceptable este tipo de éxito como desarrollo.
Cuando esto se transmite en términos culturales a través de canales formales e informales, primarios y secundarios, privados y/o públicos; la sociedad pierde el horizonte del desarrollo y aborda en forma equivocada esta idea de éxito, lo cual pone en funcionamiento los procedimientos de corte mafioso o bandolero que perpetúan esta situación más allá de la generación presente.
Las uniones familiares deben, entonces, decidir entre educar y vivir entre una idea de éxito y la idea espuria y deformada. La coyuntura, la presión por escasos recursos y la mediatización de formas de vida inalcanzables, hacen que el trabajo no pueda ser presentado como la herramienta principal del éxito puesto que el desempleo, el empleo discontinuo, y los salarios de pobreza de la estabilidad demuestran empíricamente que trabajando no hay desarrollo.
La pasión por el trabajo como identificador social, que es un identificador de identidades constituidas, termina siendo un instrumento de identidades deterioradas. Finalmente, quien trabaja, paradójicamente, en vez de constituir su identidad, termina por construir una identidad deteriorada. Si el trabajo no constituye la identidad social, tampoco la sociedad reclamará objetivamente su salario.
Ahora tenemos la siguiente afirmación: el sujeto solicitará que se lo emplee por sus competencias y exigirá que se le pague por sus necesidades. Lo que es cierto es que la constitución de las necesidades de los sujetos está deformada más allá de sus necesidades básicas insatisfechas.
De modo que las competencias, en el mejor de los casos, si no decrecen por obsolescencia, crecen en forma aritmética; y muchas veces, o en la mayoría de los casos, crece en necesidades creadas por el mercado.
La situación se torna fracasada de antemano porque se le plantea al individuo una vida destinada a creer que, haga lo que haga, jamás podrá cubrir dichas necesidades. El abandono de los estudios, la apatía, la falta de perseverancia y la compulsión al gasto y la compra como identificadores sociales, lleva a la persona a consolidar el fracaso como procedimiento, y como resultado normal y natural.
Una sociedad que carece de sentido no necesita plantearse una estrategia. La estrategia inmediatamente llevaría a la clase dirigente a preguntarse sobre el lugar del trabajo y del concepto de éxito en el desarrollo de la sociedad que se conduce. Alterar el concepto de éxito y colocarlo en su correcto lugar en la sociedad, como un logro de la acumulación de los resultados del estudio y del trabajo, es un desafío estratégico. Es un desafío porque no está logrado, y el no lograrlo puede llevar al conjunto de la sociedad a conformar, para muchas generaciones más, la identidad deteriorada. Es importante entender que esta relación entre trabajo y éxito, también se da entre trabajo y fracaso.
¿Por qué el fracaso ha mutado su definición y su concepto?
EL SISTEMA DE DOMINACIÓN SOCIAL REQUIERE QUE NADIE LOGRE ROMPER LAS REGLAS, EN CASO QUE LAS HUBIERA.
Si esto es así, sólo se podría luchar para romper las reglas en las sociedades desarrolladas, ya que en éstas existen leyes que son, no sólo claras, sino que funcionan en el campo operacional de la sociedad. Pero en los países periféricos, la idea y la práctica de estar al borde o al margen de la ley, es una característica inherente a sus sociedades. Si la ley es un límite y un instrumento de regulación de los conflictos sobre la base de criterios, la ausencia o destitución de la misma como valor, es el primer paso para inducir hacia la desorganización a poblaciones que no pertenecen al mercado.
Si el mercado no puede justificar su ausencia de sentido, y las personas lo enfrentan solas, individualmente, desvalidas y sin redes, el apotegma de los poderosos “para nosotros todo, para ellos nada”, es totalmente victorioso. Así, la amenaza de un grupo organizado desaparece y, con ello, la posibilidad de una distribución de la riqueza en forma justa e igualitaria.
El dominio de la opinión pública en la definición de éxito a través de tareas corruptas o superfluas, contribuye a este orden mundial. Hay entonces un gobierno formal y un gobierno de facto, el cual -a diferencia de las dictaduras militares- utiliza los medios de comunicación para anular todo proceso organizativo de las clases más desposeídas.
Esto no se da sólo en algunas periferias. La sustitución de la historia local por la crónica de la estupidez y la vulgaridad, hace que la situación sea continental y que el conflicto norte – sur se transporte desde los ejes económicos, políticos y sociales, hacia un universo moral.
¿Cuál es el criterio que justifica que las dos terceras partes de los individuos del planeta deje de acceder a la condición de ser humano y se los condene a su reducción de primate antropomorfo donde la ecuación neoliberalismo – sociedad de riesgo, da como resultado un analfabeto de la democracia y de la dignidad personal?
LA DESORGANIZACIÓN ES LA BASE DE LA DOMINACIÓN.
Cuando las sociedades se desequilibran en un nivel cercano a la muerte, haciendo analogía, se debe operar como si se estuviera en terapia intensiva, es decir, extremar los cuidados y trabajar en una lógica de equipo superlativa.
Si los recursos se usan mal, a destiempo, o los recursos humanos se agrupan mal, seguramente el enfermo crítico se muere. De modo que la organización entre los recursos humanos, su tecnología dura y blanda, y sus recursos materiales, son la base de su desarrollo.
De esta manera, la incapacidad para organizarnos es la base de toda derrota con el mercado. Cada organización que se desorganiza y se desintegra, es posible que envíe un individuo más al sector de los superfluos o futuros indeseables e innecesarios.
La gran población de innecesarios responde a una organización de la distribución del poder que se traslada a una escala de desarrollo insustentable con la supervivencia de la especie a largo plazo y con conflictos de una violencia metodológicamente basada en el terrorismo de la sociedad de riesgo.
Los innecesarios son, por naturaleza del sistema, inducidos y educados en la organización fracasada. Ahora, la organización fracasada está por delante de la desorganización porque deja la enseñanza de la situación fracasada y sus costos. Como efecto secundario, también actúa como un poderoso destructor de las relaciones humanas y genera una convivencia inestable y de máxima tensión.
También es lógico reconocer que periódicamente, el sistema neoliberal promueve algunos momentos de consumo superfluo que acentúan la idea exitosa de la vida individual y la impotencia del individuo frente a la identidad deteriorada de toda propuesta de organización.
LA DEMOCRACIA SIN TRABAJO: SOPORTE DE LA PAZ SIN JUSTICIA.
El acceso y la valoración de la democracia y la república como modelos reales de organización social, política y económica, sólo es posible si la distribución de los costos y la riqueza que la misma produce son equitativos, justos y apropiados. De modo que la democracia sin pleno empleo es un régimen apropiado para que los mercados eliminen la tensión con el sector de los innecesarios.
La referencia y distinción entre excluidos e innecesarios se desprende de la imposibilidad de retorno de los sujetos fijados en la sociedad de riesgo. Esto hace que la clase dominante en términos económicos no requiera nunca más de estos sectores, tengan o no competencias de empleabilidad.
La identidad deteriorada llega a sus límites de tolerancia cuando el individuo se acepta como innecesario. Ante esta situación, la democracia es un imposible y termina siendo el germen justificador de regímenes autoritarios. Los regímenes democráticos que fracasan siguen estos principios y objetivos, se inculcan en la gente como un modelo inviable que destruye la cohesión social y la proyección de la sociedad.
Una democracia cuyo mayor logro es ofertar innecesarios, empleo discontinuo y educación, salud y seguridad social deficiente, sólo puede evolucionar a una finalización de su propia existencia como sistema.
LA BISECTRIZ QUE LA SOCIEDAD TOMA ENTRE LOS INNECESARIOS Y LOS QUE GOBIERNAN DE FACTO, ES LA CREACIÓN DE SISTEMAS POLÍTICOS DENOMINADOS TUTELAJE.
El tutelaje es el sistema de control social más proclive para hacer coincidir el sistema de desempleo con el régimen de la democracia. El tutor es la asistencia de los innecesarios. El origen del tutelaje, que en sus comienzos puede darse para asegurar la supervivencia de los individuos, se continúa con el tutelaje de las oligarquías terratenientes, avanza con el tutelaje de los generalatos, luego con los tutelajes populistas y, por último, los tutelajes tecnocráticos. Finalmente, la carencia del tutor apropiado, genera una situación de ingobernabilidad que raya en la violencia.
3 CONCLUSIONES
Si el fracaso con tutor es el tutelaje y la democracia no es sustentable como éxito de distribución de la riqueza, el futuro es anómico y dudoso. En un escenario anómico y de enormes incertidumbres, la sociedad no puede discriminar qué es éxito y qué es fracaso. El tutor define el éxito y/o el fracaso de acuerdo con la necesidad de poder que esté requiriendo para seguir gestionando. La sociedad de peligro en la cual no se pueden medir las inseguridades acentúa dicha situación.
Los sujetos anómicos se mimetizan en un grotesco organizacional que simula cierta productividad. El proceso es finalmente convertido en un régimen donde fracasar ya no es distinguible por nadie y la realidad no es percibida más que a los ojos del tutor. De modo que una sociedad que no puede definir el éxito y el bien común, es probable que sólo logre el fracaso.


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