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ARGENTINA EN VENTA

Foto del escritor: Prof. Cristian Giambrone
Prof. Cristian Giambrone
17 jul
4 min de lectura

Sobre el proyecto de ley de “inviolabilidad” de la propiedad privada que pone a la Argentina en venta.


Milei escrachado por poner a la Argentina en venta

El proyecto de Ley de Inviolabilidad de la Propiedad Privada es una iniciativa legislativa impulsada en Argentina por el Poder Ejecutivo, cuyo debate en la Cámara de Senadores fue postergado para el 6 de agosto de 2026 debido a que el oficialismo no logró consolidar los votos necesarios para su aprobación.


Aunque se presenta bajo la premisa de resguardar el derecho de propiedad, el proyecto propone modificaciones profundas sobre cuatro leyes vigentes vinculadas al uso de la tierra, expropiaciones, incendios y desalojos.


Puntos clave del proyecto de ley[1]:


  1. Derogación de límites a tierras rurales: Elimina las restricciones que restringen a un máximo del 15% el territorio nacional en manos de extranjeros y un tope de 1.000 hectáreas por titular en zonas núcleo. Con la reforma, cualquier persona o empresa privada extranjera podrá adquirir tierras de forma ilimitada.

  2. Modificación de la Ley de Manejo del Fuego: Se propone eliminar la prohibición de del uso del suelo por 30 a 60 años tras un incendio forestal, lo que podría fomentar incendios intencionados para el desarrollo inmobiliario o actividades agropecuarias una vez extinguidos los fuegos.

  3. Restricciones a las expropiaciones estatales: Endurece los requisitos del Estado para declarar un bien de "utilidad pública". Lo que pondría trabas al Estado argentino para adoptar medidas legales para proteger la soberanía nacional en beneficio de intereses privados extranjeros que podrían vulnerar dicha soberanía.

  4. Desalojos express: Introduce modificaciones en los procedimientos ante ocupaciones ilegales o usurpaciones, facilitando desalojos a población vulnerable sin privilegios de clase ni recursos económicos suficientes debido a la generación estructural de empobrecimiento del sistema económico vigente.

  5. Reforma en Barrios Populares: Altera las normativas de urbanización, facilitando la venta de terrenos donde se asientan barrios informales y flexibilizando las condiciones de desalojo forzoso.


Pero quiero detenerme particularmente en el aspecto matriz: la supuesta inviolabilidad de la propiedad privada, que alude a un carácter absoluto, y es el más importante en términos filosófico-políticos e ideológicos liberal-libertario.


Lo cierto es que el derecho a la propiedad privada no es absoluto y su ejercicio y protección está sujeto a las leyes que regulen su uso en función del interés social.


En este sentido, una restricción es constitucional y legal si se fundamenta en los siguientes principios:


  • Función social: La propiedad debe servir también al bienestar colectivo (ej. normas ambientales o urbanísticas)

  • Interés público o estatal: Limitaciones temporales o definitivas justificadas por una necesidad mayor de la sociedad.

  • Poder de policía del Estado: Capacidad de regular derechos para garantizar la seguridad, salubridad y moralidad públicas.


En esa línea, y para respaldar los principios anteriores, debe tenerse en cuenta la advertencia de Hannah Arendt en su obra fundamental, La Condición Humana:


Libro de Hannah Arendt

«el rasgo característico de la moderna teoría política y económica, (que) considera a la propiedad privada como tema crucial, ha sido acentuar las actividades privadas de los propietarios y su necesidad de protección por parte del gobierno, en beneficio de la acumulación de riqueza a expensas de la misma propiedad tangible.»[2]


Para Arendt, la expresión “a expensas de la propiedad tangible” quiere decir que priorizar la acumulación ilimitada de riqueza destruye los bienes durables creados dado que la riqueza privada moderna no busca conservar un bien físico estable, sino disolverlo en un proceso de crecimiento constante y consumo sin fin. La famosa "destrucción creativa", que es siempre más lo primero que lo segundo.


Eso sucede porque la ideología capitalista confunde "propiedad" (un espacio físico, estable y limitado en el mundo) con "riqueza" y "mercancía" (un flujo dinámico y fluido de capital que debe devorarse y multiplicarse continuamente).


Lo que quiere decir, que para que la riqueza crezca de forma ilimitada, todo lo tangible (y que da estabilidad a nuestro mundo humano) debe ser tratado como una mercancía. Las casas, las tierras y todo bien durable dejan de ser posesiones que deban ser protegidas y cuidadas y se convierten en valores de cambio que se compran, venden y destruyen en función del mercado.


A este respecto, Karl Polanyi sostenía que:


Libro de Karl Polanyi

«La producción es interacción entre el hombre y la naturaleza; para que este proceso se organice a través de un mecanismo autorregulador de trueque e intercambio, el hombre y la naturaleza deberán ser atraídos a su órbita; deberán quedar sujetos a la oferta y la demanda, es decir, deberán ser tratados como mercancías, como bienes producidos para la venta.»[3]


En consecuencia, cuando el gobierno protege únicamente la acumulación, no protege la estabilidad ni la dignidad del ciudadano ni la de la nación, ni la de su tierra, sino la libertad de las corporaciones y los mercados extranjeros para expandirse.


Esto conduce a la desposesión de la propiedad tangible de los individuos en favor de los procesos económicos globales que jamás benefician el interés público tanto como quiere hacer creer sino que solo concentran riqueza en muy pocas manos en detrimento de la nación.


El capitalismo histórico comenzó, precisamente, con la desposesión (el despojo violento de la propiedad de las clases campesinas) y cuyo crecimiento continuo de la riqueza requiere que los bienes comunes e individuales sean absorbidos continuamente por el ciclo de producción y consumo masivo.


En definitiva, cuando los gobiernos protegen la acumulación de riqueza en lugar del valor absoluto del territorio nacional con recursos estratégicos y fundamentales para conservación de la vida y los bienes de uso (no de consumo) inmuebles como ciudades o edificios históricos y emblemáticos, están entregando el mundo político estable a las fuerzas de un proceso económico que, por definición, no puede dejar nada intacto ni permanente.


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Fuentes y bibliografía:


[2] Hannah Arendt, La Condición Humana, Ed. Austral, Bogotá 2025

[3] Karl Polanyi, La Gran Transformación, Fondo de Cultura Económica, Ciudad de México, 2024



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